Un día apareció, por lo que fuera, un personaje de cuento que no sabía que era personaje de cuento porque nunca antes se había contado su historia. Él vivía en el bosque de los personajes de cuento como todo personaje de cuento antes de ser personaje de cuento, y se pasaba todo el día y toda la noche dando vueltas sin saber el motivo.
Al principio todo era sencillo, pues en el bosque de los personajes de cuento la vida era bucólica. Pasado un tiempo la cosa fue empeorando ya que pasear está bien pero, cáspitas, llega un momento que cansa, como todo. Cuando se cansó de pasear se sentó en el lugar que queráis, no importa, supongamos que en un tronco hueco a la sombra de un alcornoque. Allí estuvo otros mil trescientos cuentos más hasta que se cansó de estar sentado porque, cáspitas de nuevo, todo cansa, y se puso en pie. Al ponerse en pie dijo:
-
Y empezó a caminar otra vez. Pasaron cinco mil cuentos más y se cansó de nuevo; entonces decidió tumbarse a la sombra de un pino. Pasaron dos cuentos más y una piña le cayó en la cabeza.
-
Dijo el personaje de cuento que no sabe que es personaje de cuento y, al momento, de la piña salió un gusano amarillo fosforito con los ojos verdes tonalidad rana dardo del amazonas.
-¡¡Hola Cabeza de Chorlito!!
Dijo el gusano.
-
Dijo Cabeza de Chorlito.
-¡¡Vaya!!¡¡Parece que no te han enseñado a hablar!! ¡¡La profecía!!!-Dijo el gusano con la mandíbula, los ojos y la lengua desorbitados y esas cosas de histéricos.
De un salto salió huyendo, no sin antes mover sus diminutos pies ochocientas veces sobre el mismo punto, en un intento de coger el máximo de carrerilla posible.
Lo bueno que tiene escribir cuentos es que puedes dar marcha atrás cuando quieras, y eso es lo que hizo el gusano, o yo mejor dicho, que soy el que tiene el control de todo, aunque el que se mueva sea él.
-¡¡Vaya!!¡¡Parece que no te han enseñado a hablar!! ¡¡La profecía!!¡¡¡ Eres El Enviado!!!
-
Dijo Cabeza de Chorlito.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Cuentacuentos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
-¡¡¡¡Cuen-ta-cueeeeeeeeeeeeeeeeen-toooooooooooooooooooooooos!!!!
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Que te hablo a ti !!!!!!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ Al que está escribiendo esto, demonios!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
-¿A mí?
-¡¡¡¡Sí membrillo sí, a ti!!!!
-Esto me está afectando demasiado.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Mem------bri------lloooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
-Dime... dime... pesadilla de gusano.
El gusano me dijo que las piñas dan piñones, y que en el bosque de los personajes de cuento que no saben que están esperando a ser los personajes de un cuento cada piñón representa una letra o un signo. Tenía que hacer lo que fuera para que Cabeza de Chorlito se comiera todos aquellos piñones porque si no jamás aprendería a hablar. Al decirme esto, el gusano, al que llamaremos Paralelepípedo porque es un nombre que siempre he querido ponerle a un personaje de cuento, puso pies en polvo rosa, porque siempre quise, desde pequeñito, poner a alguien en polvo rosa. Luego mi abuelo me enseñaría que no se dice en polvo rosa, sino en polvorosa, pero esa es otra historia que será contada en otro cuento.
Cabeza de Chorlito desmenuzó la piña piñón a piñón y rompió los piñones a piñón, porque tampoco es plan de que se pase todo el día rompiendo frutos secos caídos de un árbol, más que nada y menos que todo porque no es algo muy divertido.
Una vez tuvo todos los piñones abiertos, acción que llevó a cabo gracias a una piedra que creé especialmente para ese momento y que en otro cuento usaré para fabricar un péndulo mágico que teletransporte hacia la luna a un protagonista que ahora debe estar deambulando por el país de los personajes de cuento y que aún no conozco para (esperad un momento, que cojo aire) sacar de sus miserias a tres personajillos que tengo allí un poco olvidados.
-Membrillo, creo que se te está yendo de las manos el cuento.
-Lo sé, lo sé. ¿Por dónde íbamos?
-Tienes a Cabeza de Chorlito con los piñones en sus manos y no sabe qué hacer. ¡Ah! Y es El Enviado de algo.
-Vale, vale. Gracias.
En ese momento apareció un oso hormiguero y, vaya por dios, se comió al gusano. Sí sí, ya sé que los osos hormigueros comen hormigas, pero seguro que algún gusano de vez en cuando se interpone entre su trompa y las hormigas, y si eso nunca sucede, en este cuento sí.
Cabeza de Chorlito fue comiéndose, en un principio, uno a uno los piñones, pero me cansé de esperar tanto tiempo y, al llegar al cuarto, se metió los restantes del tirón en la boca. Como buen maestro bocazas que tuvo en Paralelepípedo, ni se ahogó ni nada por el estilo, sólo que tardó un poco más en tener la boca libre para poder articular su primera palabra. Y así fue cómo conseguí que mi protagonista poseyera las letras y los signos.
-¡¡Me cago!!
Son cosas de todo iniciado en el arte de hablar. Cabeza de Chorlito no quiso decir eso, pero su estómago no había digerido correctamente todavía el sonido de la eme y de la ce, así que aproveché ese tiempo que le faltaba para acabar la digestión en liarme uno de esos cigarrillos de tabaco que permiten que pueda fumarme unos tres paquetes por el precio de uno y que, según dicen, son menos malos, o más buenos, que los que van en cajetillas.
Lo malo que tienen estos cigarros son los prejuicios de la gente, que te ven por la calle liándote uno de ellos y se creen que eres un drogadicto, y da igual que tengas la bolsita expuesta en tu rodilla a modo de cartelito que diga “no es un porro, es simplemente tabaco de liar”. Sólo algún que otro viejito se acerca y te dice:
-¿Aún se vende picadura?
-Sí señor, aún se vende.
Lástima que luego escuchara cómo le decía a su mujer:
-¿Has visto? Ese chico se fuma los porros con picadura.
-¿Veneno de avispa?- Creo que dijo la vieja.
-No ,mujer, degeneras. Picadura de tabaco.
-¿Pero el tabaco no es una planta?¿¿Entonces es un animal que pica??
-Mujer, la hoja picada, la hoja picada.
-¡¡Ahhh!!¡¡¡Vale!!! Esta juventud no sabe qué hacer para no trabajar.
-!!Qué mago!!-Consiguió decir por fin C.C. ( las abreviaturas ayudan cuando uno quiere acabar el cuento pero no llega el fin o, mejor dicho, no quiere ponerle aún el puto, perdón, las prisas, punto final porque parece como que el cuento queda cojo, sin saber de qué es El Enviado Cabeza de Chorlito ni para qué ha nacido en el bosque de los personajes de cuento).
FIN.
-Oye.-Dijo el gusano
-Oye.-Dijo el gusano otra vez.
-¡Eh!¡Tú!. Ahí arriba.-Dijo el gusano por tercera vez.
-¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Mem-briiiiiiiiiiiiiii-llooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!-Gritó el gusano.
-¡¡Coño!! Esto... ¡¡¡Cáspitas!!! ¿Pero tú no estabas muerto? Te recuerdo que te he matado, que un oso hormiguero te ha absorbido.
-Sí, claro, pero tú no sabes que mi carne es asquerosa y que produce alergia en ese oso hormiguero. Sólo tienes que ver cómo se le ha inflamado la trompa. Jajajaja. Ah, y ya puestos, te diré que has aumentado en uno tu querida colección de palíndromos.
-¡¡Recórcholis!! Pues es verdad. Y bien, ¿qué quieres? Y sí, apunto oso.
-Tío... no puedes acabar así un cuento, es un final patético. Tú te crees que sí, que eres el jefe y aquí se hace lo que a ti te da la gana, pero piensa un poquito en los demás, anda, no me vayas de egoísta por la vida, aunque escribas sólo para divertirte.
-Vamos a ver Paralelepípedo, escúchame un momento que veo que aquí hay un conflicto de egos enorme. Para empezar, te diré que te he matado, que has muerto, caput, adiós, bye bye, ok?
-Sí, lo que...
-Que te calles, pesado. Espera, que voy a hacer una cosita.
-Ok.
En ese momento, decidí ponerle a nuestro Paralelepípedo querido una cremallera en la boca, cerrársela, coger un candado, abrirlo, meterlo por el agujerito de la piececita de la cremallera que no sé cómo se llama y cerrarlo. Os preguntaréis:
-Muy bien, cerrarlo, pero habrá que pasar el candado por otro agujero para que surta el efecto deseado, ¿no?
-Eso eso.
-Mira que eres pesado, Paralelepípedo... Y a vosotros, malpensados, mirad lo que hice antes de cerrar el candado.
Entonces cogí al gusano de los cojo... cojo... cojo al gusano y le hago un nudo.
-Has cambiado el tiempo verbal, cuentacuentos de pacotilla. Además, yo no tengo cojo-de-esos-que-dices-tú, tururú.
-Da igual. Mira. Te hago un nudo y paso el candado por entre el nudo y el chisme ese de la cremallera, lo cierro y ya, a partir de ahora, no puedes hablar.
-Te estás desviando del cuento, torpedo...
-¡¡¡¡¡¡¡Pero cómo demonios puedes hablar!!!!!!!
-Telepatía mendrugo, y te recuerdo que si yo hablo es porque el cuentacuentos quiere, que conste, ¿o es que has perdido el control, juglar de pacotilla?
Lo siento, ya no puedo más, así que acabaré con todo esto de una forma rápida.
Cabeza de Chorlito consiguió encontrar el antídoto para salvar a la princesa de su enfermedad, que consistía en escuchar eternamente la voz de Paralelepípedo, pero no sé cómo se las arregló para hacer que ese endemoniado bichejo se introdujera en mi cabeza para desaparecer de la de su querida princesa.
Ahora el que vive jodido con el gusanito soy yo, así que os pido que, por favor, me suministréis el antídoto lo antes posible, porque esto es insufrible.
Y algunos vivieron felices y pescaron con lombrices hasta acariciarse las varices.
-¡¡De las narices!!