Un gatito frotaba su lomo con unas piernas como queriendo decirle algo al caballero andante de rostro gélido y meditabundo. Éste no hizo más que agachar su larguirucho cuello y proferir una palabra:
-!!Catapulta!!
El interior del castillo lo obviaremos, al igual que a las doncellas, cocineros, sirvientes y demás personajes. Nos centraremos en el ejército y no en todos sus caballeros, pues si bien esa idea por sí sola daría para mil libros, el reloj de arena y el formato del pergamino no dan para mucho. Así que intentaremos ser lo más breves y concisos que podamos.
-!!!!!!He dicho catapulta!!!!!!
En estas apareció un armario tres por tres andante, de esos con brazos como piernas, piernas como chimeneas, chimeneas como troncos milenarios y... vaya, el típico fortachón del típico cuento.
Cogió al gato por la cola y movió su brazo al estilo molinillo de café. Diez segundos después no había brazo, sino un círculo en movimiento que dispersaba toda la hojarasca por allí congregada. El ejército restante asíase de cualquier elemento que encontraba a su alrededor para no verse engullido por el torbellino que el grandullón había creado. Y el caballero andante de rostro gélido y meditabundo, anclado al suelo gracias a una espada que a duras penas podía manejar, dijo:
-!!!!Ahora!!!!
El armario ropero empezó a correr a discreción hacia el río, el río de poco caudal que usan las sirvientas para limpiar los calzoncillos mugrientos de sus maridos, el rio de corriente casi inexistente en el que los hijos de las sirvientas se bañan cada mañana de verano esperando que la princesa y el príncipe de turno se enamore de uno de ellos, el río que sale en todos los cuentos y que, por suerte, aún no han decidido colocarle el canon de “Único río con derecho a aparecer en cuentos”. Cuando estuvo a escaso medio metro del margen, el..., bueno, para abreviar diremos que el caballero de rostro gélido y meditabundo es el rey, el rey dijo:
-!!!Lánzalo pardiez!!!
Y lo lanzó. Sí. Lo lanzó. Lo cierto es que Catapulta lanzó al gato, de eso no hay duda. Y tampoco podemos dudar de que el gato describió el camino que el rey había imaginado en su mente. No hay nada que reprocharle al grandullón de brazo circular. Tan solo un pequeño detalle: la dirección. En lugar de soltar la cola del gato cuando el animalito se encontraba en la parte superior del círculo, lo soltó cuando estaba en la parte inferior, y el gato iba marcha atrás, con el rabo entre las patas traseras, las orejitas formando dos tupés sobre su cabecita y lo que más odian los gatos, sintiendo como el aire le acariciaba a contrapelo, lo que provocó en la boca del felino un gesto que podríamos denominar como draculino. Una foto de premio, vamos, si no fuera porque no existían todavía las cámaras fotográficas y el pintor real estaba en las mazmorras jugando al tres en raya con un ogro malvado.
El gato fue a parar al rostro de una bella dama que se encontraba encerrada en la torre más alta del castillo. Dicen que su delito era tener alitosis, y al proferir el pertinente grito de terror al ver que el gato había ido a clavar sus largas uñas en su bello rostro, el gato se desmayó y cayó al suelo. Pero cayó con las patas, como todo buen gato cae siempre. Y el rey dijo.
-!!!Brujas!!!
Y allí aparecieron Verrugas, la bruja con más verrugas por centímetro cuadrado en la cara, Croadora, la bruja con voz de rana, pero no Empanada, la bruja que, a pesar de ser la más vieja del lugar, aún no se había sacado el carné de escoba y llegaba tarde siempre a todos los sitios.
-!!!A la hoguera con él!!!
Las brujas crearon por arte de magia oscura no escrita ni descrita en ningún cuento una hoguera de esas que se usan para quemar a la gente que, o bien no hace su trabajo, o el trabajo que hacen no es del agrado del rey ni de la iglesia de todos los santos habidos y por haber.
-!!!Llegas tarde!!!!
Empanada dijo que la culpa era de del transporte público y el rey hizo llamar al consejero real que se dedicaba a esos asuntos, que también fue quemado. Cogió al gato por la cola, apartó la cara lo más que pudo del felino debido al olor a dama con alitosis que aún desprendía su pelaje y dijo:
-!!!Arquero!!!
El arquero llegó después de bajarse de un árbol al que había ido a parar por culpa del torbellino que había creado Catapultadescansenpaz. Su rostro rollizo por el temor que le embargaba, su brazo alargado para tomar posesión del gato y una pregunta, pobre ignorante, que salió de su boca de pitiminí.
-Señor, ¿por qué quiere deshacerse del gato?
El rey dijo:
-!!!Brujas!!!
Y el final ya lo sabéis.
Entonces pensó y decidió llamar al poeta que en esos momentos estaba durmiendo con una bella dama en el granero que a la vez servía de gallinero que a la vez servía de casa de citas sin concierto ni beneficio ajeno.
-!!!Poeta!!!
La dama despertó al poeta y y éste apareció desnudo ante la multitud. El rey, ojiplático y perplejo, apartó la vista del aparato reproductor del joven inventor de versos y dirigió su mirada un poco más abajo de su ombligo.
De la terraza del castillo salió una voz como de reina:
-!!!Deja de mirarte el ombligo, pardiez!!!
Y el rey dijo:
-!!!Estoy mirándome por debajo del ombligo, pardiez!!!
Se acaba el pergamino. El rey le dijo al poeta:
-Quiero que me escribas un final indigno para este gato. Ha osado pasar por debajo de mis piernas y todo ser viviente sabe que ese gesto es un desprecio a la autoridad real femenina. Espabila, que el reloj de arena toca su fin.
El poeta cogió la pluma de cuervo, el pergamino casi acabado y escribió:
“El gato murió.”
Le pasó el final de cuento al rey y este se dirigió al cementerio de animales. Buscó y buscó y no parará hasta encontrarlo.
Ahora, en el castillo de la torre con dama de alitosis etcétera, reinan el poeta y la chica del granero. Todo el mundo tiene un nombre digno y esas cosas que os podéis imaginar que dicen todos los cuentos. No existe el tiempo y los pergaminos son los caminos que cada caminante escribe con sus pasos. YungatolesvisitaunavezalañoparatraerlenoticiasalaantiguareinasobreelparaderodesumaridoFin.