Una mancha extraña en el mantel de tela que se encontró bajo el Árbol Solitario del Bosque del Árbol Solitario puede ser un mantel que se dirigirá próximamente a la lavadora, pero también puede ser el relieve de un país olvidado y pobre que pide en silencio agua, o el perímetro de otro país económicamente poderoso expandiéndose a lo largo y ancho del trozo de tela, acaparando la atención de todas las tramas, dejándose succionar premeditadamente y con alevosía por todos y cada uno de los hilos que la conforman. Pero en este caso no es eso, en este caso su imaginación no ha tenido tiempo de dejarse llevar por los pensamientos que atesora porque no tiene ganas de pensar. Lo único cierto es que, al caer unas gotas del vino que le regaló ya no recuerda quién sobre el mantel, han aparecido, como por arte de magia y sin ninguna pretensión embaucadora, un mapa que no sabe qué significa y una máquina extraña que reza "Máquina del tiempo y el espacio", un mapa y una máquina que no voy a describiros porque todos hemos visto, leído o soñado con algún mapa y alguna máquina así en nuestra vida, y si no es así deberíais replantearos vuestra forma de actuar en esta vida, porque podríais acabar como una mancha en un mantel que lo único que pretende es acaparar la atención del todo sin detenerse en los detalles y, algo igual de funesto, una máquina inservible por ineptitud.
El chico está triste y no le da mucha importancia al mapa y a la máquina, y es curioso, porque si algo le pedía a la vida últimamente eran fuegos artificiales que le alejaran de la rutina mundana y patética en la que se veía sumergido desde, bueno, desde siempre para ser sincero, porque su vida ha sido muy triste, vacía, una mierda, para ser otra vez sincero, escatológico y cercano a nuestra habitual forma de hablar (los formalismos matan).
En un principio, mi labor simplemente debía ser la de transcribir lo que sucediera con el trocito de vida de este pobre chico ensimismado y amargado de, pero una cláusula en mi contrato me obliga a actuar en favor de los sucesos, sí, porque yo ya sé de antemano qué sucede en todo esto que intento explicaros, porque esto de los tiempos y los espacios es algo que, bueno, es algo con lo que nos han estado engañando desde que el hombre inventó la primera forma de medir el tiempo y el espacio. Por suerte, hechalaleyhechalatrampa, y más en el país de pícaros que ubicamos al protagonista de hoy.
Explicarlo es muy largo, así que quedaros con esto: un metro en realidad no es un metro, es una forma de medir algo que realmente no existe, y un segundo no es un segundo en realidad, es otra forma de medir algo que no existe en la realidad. Son, como ya he dicho alguna vez, inventos del hombre para el hombre, porque somos una especie que tiene que tenerlo todo etiquetado para que vivir parezca mas fácil o yo que sé, hay tantas cosas se me escapan. Y hablando de escapismos; otra cláusula de mi contrato me obliga a atar el cuento, a que quede redondo. Pues bien, si me hacéis el favor tenéis dos opciones, o bien coger una cuerda, hilo o similar y hacer un nudo en él de tal manera que el cuento quede atado para gloria de mi jefe y mi bienestar laboral, o coger unas tijeras y recortar circunferencias con el papel que estáis leyendo, para lo mismo que hace nada os he contado. Pero no nos desviemos del tema ya desde un principio, porque nos podemos volver locos y la extensión, la maldita extensión.
Paf-in-Poy, que así se llama el chico porque así lo han querido las teclas (sí, las teclas, porque esto de poner un nombre a alguien es tan sencillo como atizar un número de teclas indeterminado y luego ir eliminando las que no suenan muy bien hasta formar un nombre decente. Quizás a la mayoría de vosotros no os guste mucho el que le ha tocado al protagonista de la historia de hoy, pero a mí si y, claro, siento ser un tirano y todo eso pero soy el que lo cuenta y, claro otra vez, así se va a quedar. Se puede cambiar, claro que se puede cambiar, pero para eso deberéis encontrar, mejor dicho, para eso deberíais ser los protagonistas de mis cuentos y, perdonad mi prepotencia si acaso identificáis así mi forma de narrar, pero es muy difícil que tú, que estás leyendo esto, formes parte de este cuento, más que nada porque en el momento en que lo estás leyendo esto ya ha sucedido y ha sido escrito. Hay formas de poder entrar en el cuento una vez acabado, claro que las hay, siempre las ha habido, pero descubrirlas no depende de vosotros; podría decir, y así quedo bien, que dependéis de una botella de vino regalada, un mantel encontrado y la torpeza necesaria para que una gota de ese vino caiga sobre el mantel y, magiapotagia, aparezca un mapa con numeritos danzarines y dibujos móviles y una máquina extraña).
Paf-in-Poy está durmiendo ahora mismo, duerme y sueña. Sueña que en un acantilado no hay nada que lo detenga en su inevitable caída. Cae y cae y el suelo es el fin de todo. Pero la puerta de la cabaña en la que vive (la real, no la onírica(recordemos que baja por un acantilado)) está abierta, y un golpe de aire levanta el mantel de la mesa y le cubre la cara con la suficiente mala leche como para despertarlo. De súbito, Paf-in-Poy se reincorpora y descubre el mantel con el mapa, fijándose en que un número cambia de color, el numero ocho. Al lado del número ocho un árbol enorme: el Árbol Solitario del Bosque del Árbol Solitario. Paf-in-Poy es un chico bastante pasivo (podríamos llamarle autista pero como siempre ha estado solo pues como que no pega ese adjetivo en él, así que diremos que es apático), no tiene interés por nada, nada le apetece, nada le alegra, y por eso, en su rostro sólo se aprecia la vida cuando come, bosteza, ronca y esos movimentos automáticos o semiautomáticos que el cuerpo necesita para no desfallecer. Y no me preguntéis por qué está solo a su edad, porque no hay nada más triste que tener todo atado en un cuento para que parezca redondo y, además, ya me he encargado yo de explicaros como se ata un cuento y cómo hacerlo redondo.
Paf-in-Poy está solo porque no hay nadie más con él, el resto inventadlo vosotros mismos que, además de ser una actividad enormemente gratificante, seguro que, si lo hubiese contado, al mirar la extensión del cuento al que os estáis enfrentando os habríais echado para atrás dado su tamaño. Es lo que tiene no conocer el secreto del tiempo y el espacio, que dejamos de hacer cosas porque parecen pérdidas irrecuperables. Vosotros os lo perdéis. Ya me daréis después las gracias que la sorpresa está en el final.
El numerito ocho, que es el primero que parpadea, señala el Árbol Solitario del Bosque del Árbol Solitario. Paf-in-Poy lo mira, lo reconoce y lanza el mantel al suelo. Pero claro, otro golpe de aire evita que caiga y lo deposita de nuevo entre sus brazos. Después de resoplar lo lanza de nuevo y, claro por enésima vez, de nuevo un golpe de aire conduce el mapa al lugar que debe estar, su regazo. Quedan seis repeticiones de este acto así que, a la octava vez, Paf-in-Poy, en un acto de inteligencia suprema, intuye que debe hacerle caso al mapa y dirigirse hacia aquel lugar.
El bosque está a tres tragos de vino, y hacia allí se dirige. Al llegar (como veis voy rápido para que más gente lea esto, porque contar una historia que después se queda en un cajón olvidada por la humanidad no tiene mucha gracia (o sí, pensad en la de historias que se pedieron en el incendio de Alejandría y aquí estamos, vivitos y coleando)), pues bien, al llegar, lo primero que ve en el suelo bajo el, a partir de ahora, AS del BAS (para los lentos Árbol Solitario del Bosque del Árbol Solitario), es un mantel idéntico, clavadito, igualito al que lleva en su mano derecha, pero sin numeritos, ni arbolitos ni manchitas. No lo coge, porque no es nada materialista y sólo coge del suelo lo que necesita y, en estos momentos, un mantel no le saca de sus miserias. Al extender el suyo de nuevo para observarlo mejor ve que aparece sobre la esquina superior derecha del mapa algo que interpreta como un pajarraco que vuela y que parece ser se dirige hacia el AS del BAS. Otea el horizonte y descubre que algo así como un águila se acerca, alcanza el árbol y deposita sus garras sobre una rama . En una acción afrontada con la misma inteligencia suprema que antes Paf-in-Poy tira el mantel, perdón, el mapa al suelo, porque piensa que ya no le hace falta ya que el águila es la siguiente historia que acometer. Por suerte el animalito sabe hablar.
-No pienses Paf-in-Poy, tú no pienses, mira el mapa y ya está, es todo así de sencillo.
Paf-in-poy es un chico tan anormal que no siente espasmos por su cuerpo cuando descubre que el animal habla (por suerte para vosotros, todo sea dicho), así que recoge el mapa, lo mira y ve que sobre el árbol hay un pajarraco dibujado y que un número, el dieciocho, empieza a cambiar de color. El águila no está acostumbrada a perder el tiempo y, con un movimiento rápido de sus enormes garras, lo agarra (nunca mejor dicho) de los hombros y lo aposenta cómodamente sobre su lomo, entre sus alas. Con dieciocho enérgicos movimientos de éstas llega al Lago Solitario que situaremos entre los rios Kad y Uw€d, (es lo que tiene escoger los nombres como antes he explicado, que aparecen simbolitos extraños), y allí, sí, chicos, allí se encuentra el castillo que no podía faltar en una historia como ésta. Pero no es un castillo en realidad. El mago que habita en él, el Mago de la Capa Brillante, le ha puesto ese nombre porque es un poco presuntuoso, es de los que quieren aparentar más de lo que son, y de ahí llamar castillo a un molino cutre y viejo. Pues bien, cuando está a punto de descender, el águila se queda inmóvil en el aire, y cuando digo inmóvil me refiero a que le he dado al pause al águila, pero no he sido yo, ha sido el mago, como descubriréis a continuacion.
-Hola Paf-in-Poy- y mueve su varita, bueno, el palillo que antes ha usado para sacarse el trocito de bistec de ternera de entre los dientes y que en este momento sirve para detener al águila y convertirla en una estatua en el aire.
En ese mismo instante las alas del águila se convirtieron en una escalera multicolor excepcional. Por ellas descendió el perturbado por los acontencimientos Paf-in-Poy sin mediar palabra alguna con su anfitrión. Cuando tocó tierra firme, el palillo se volvió a mover y el águila, a la que llamaré Oun-le-Wud, se fue. Al mirar el mapa (se ve que le estaba cogiendo el gustillo a eso de mirar el mapa), Paf-in-Poy advirtió que el águila se posaba en la misma rama del mismo AS del BAS que antes, pero percatose que sobre el castillo aparecía un uno que parpadeaba locamente, cada vez mas rápido, mas rápid, mas rapi, mas rap, mas ra, mas r, más, ma, m.( fin de la paranoia).
-O te das prisa o el mapa se borrará y deberás repetirlo todo otra vez. !!!Entra en el castillo, insensato¡¡¡.- Dijo el mago con una voz solemne.
Y así hizo. Una vez dentro del molino, Paf-in-Poy se emocionó al descubrir que en realidad el molino no era un molino, sino un castillo sacado de un cuento de hadas, reluciente y brillante, pero con sólo una estancia elíptica, muchas ventanas de colores y una vaca en medio, justo en el centro de la sala.
-Bien Paf-in-Poy, yo me voy a dormir que me ha entrado un sueño irresistible, nos vemos después de la siesta. Tu habitación está arriba.
Arriba, piensa el joven apático, cómo que arriba si arriba no hay mas que telarañas, relucientes, cierto, pero telarañas...
Para abreviar, que si no nos dan las uvas, os explicaré fugazmente que, para descubrir su habitación en la estancia superior, Paf-in-Poy tuvo que hacerse un café con leche ayudado por el molinillo que estaba en la mesa de la cocina y que, al girar su manivela, las ventanas se convirtieron en puertas. Pero claro, ahora había que llegar a la suya, a la que tenía el cartelito con su nombre.
A Paf-in-Poy no le gusta el café, asi que buscó la leche durante no sé cuánto tiempo, (el tiempo que tardó en beberse seis cafés solos, (sí, de esos q no le gustan)),fijaos si estuvo tiempo buscando la leche que la luna ya habia aparecido, lo que significa que el sol se había escondido y, finalmente, con el acto de inteligencia suprema que, esperemos, patente Paf-in-Poy, descubrió que la vaca da leche si tiras de sus ubres. Y eso es lo que hizo, y cuando lo hizo aparecieron unas escaleras similares a las que había usado para bajar del águila que conducían a su habitación. Una vez dentro de su habitación el problema que tuvo Paf-in-Poy fue dormirse con tanta cafeína en el cuerpo. Estuvo mirando el mapa y vio que sobre el molino había aparecido una vaca y que a lo lejos, en una isla remota, un cero parpadeaba. Y os debo decir que el cero es el último número de esta historia (por suerte para todos). Cuando vio el cero, la luz empezaba a entrar por la ventana y el sueño en Paf-in-Poy, (tanto café le habia dejado insomne y en vela durante toda la noche). Pues bien, cuando estaba a punto de dormirse la voz del mago de la capa brillante resonó en toda la estancia.
-Paf-in-Poy, ya es hora de partir, partir, partir, ir, ir, ir.
Para ser breves no contaré las vueltas que dio en la cama ni las veces que maldijo al mago orondo del lago, así que diré que dio un respingo y, de inmediato, apareció en la sala central desde la que vio que, de nuevo, no había habitaciones en el molino.
-Bien Paf-in-Poy, como sabrás próximamente, somos unos currantes que depedemos de un narrador, y si no lo sabes ya lo sabes, así que debo ir rápido para contarte lo siguiente que debes hacer, que ya se está poniendo nervioso y ronda en su cabecita el matarnos. Hombre, matarnos es mejor que decir que todo es un sueño, todo sea dicho, todo es cuestión de estatus, pero no quiero ahora mismo que acaben conmigo porque ayer conocí a una brujita preciosa que creo que tiene pretensiones amorosas conmigo. (En estos momentos podría cargarme al mago parlanchín, pero el amor me puede).
-Mira, para ser breves: con esta varita multicolor te enviaré a La Cueva del Oso Mimoso, él te dará La Máquina del Tiempo y el Espacio y volverás al lugar y al instante en el que empieza esta historia porque, no sé si te acuerdas, cuando parpadeó el numero cero tantas veces (que no era un cero, que era un uno chavalines) en realidad todo terminó, moriste, pero yo soy mago y he estado haciendo esto porque tú no debes morir nunca y porque me ha dicho el jefe que así lo diga, así que con esa máquina podrás recomponer cualquier aspecto de tu vida y hacerla un poco más interesante. El único inconveniente es que estarás atado a este cuento de por vida, pero lo bueno es que siempre podrás buscar aventuras no vividas por culpa de los miedos y la pereza y nunca recordarás lo que has vivido, para darle mas emoción y así no jugar con ventaja. Eso sí, tienes que estar atento a las señales que te ofrece el destino.
Y eso es lo que hizo Paf-in-Poy, que en estos momentos dejaré durmiendo en su cama, con un mantel manchado, una botella de vino regalada por un oso mimoso y una máquina que aún no ha hecho funcionar. Y yo, yo, yo sólo puedo prometeros contaros en un futuro este mismo cuento pero en condiciones pues (que no lo he dicho) yo ya encontré hace tiempo mi máquina del tiempo y el espacio, y es que todos tenemos una esperándonos en algún lugar. Sólo hay que tener los ojos bien abiertos y creer en los mapas mágicos y esas cosas.
Ya para acabar, también me comentaron mis superiores que una historia debe tener pies y cabeza; pues ya sabéis qué debéis hacer: coger un papelito y un lápiz y dibujar unos pies y una cabeza y, después, insertarlo en el lugar que más (o menos) os guste de este cuento. Así de sencillo.