jueves, 12 de noviembre de 2009

HILOS

Llevaba mucho tiempo dándole vueltas al enigma y por fin, a su manera, lo había solucionado. No comprendía por qué, a lo largo de su vida, al pasar por el lado de alguien, al intecambiar alguna mirada o al sentir la presencia de un desconocido a su espalda, algo así como una suerte de descarga eléctrica se repartía por todos los rincones de su esquelético cuerpo.

Fue en el comedor de su piso; había decidido redecorar el techo de su multicolor habitación con nubes; para llevar a cabo la misión personal del momento, tuvo que comprar discos desmaquilladores y buscar durante demasiado tiempo por cajones, armarios y estanterías unas tijeras, hilo blanco y celo.

El celo lo encontró en una cajita que se ríe siempre de sus eternos despistes desde la estantería en la que, desordenadamente, habita un contubernio formado por Egidio el granjero, Roverandom, el chico Ostra, Taliesin, Merlín, un manual de bricolaje y un tal Lucas. A los demás los obviamos, pues, parece que, en ese momento, estaban echándose una siesta. Muchas veces pensó en vender su alma al diablo y que, a cambio, éste le concediera el honor de descifrar el lenguaje insonoro que usaban entre ellos, pero prefirió vender los dedos de sus manos. Su alma valía demasiado para ser poseída por un simple y pobre diablo.

Descubrió que las tijeras que usaría más tarde estaban en el lavabo, en la reunión acicaladora de espuma de afeitar, pasta y cepillo de dientes, cremas y potingues raros para su delicada cara, desodorante y algún perfume que habría usado quién sabe si tres veces en un año, pues le mareaba el olor artificial. Quizás por eso los dos botes, guiados por el rencor, eran los encargados de avisar, entre jocosas carcajadas, de la llegada del eterno desaliñado. Por suerte para ellos vendió sus dedos al diablo.

El hilo blanco lo encontró en la cómoda roja, después de abrir siete cajones en los que descansaban medicinas, algunas de ellas caducadas, una Polaroid, varias barajas españolas y una del Uno, alambres, cuentas para fabricar pendientes y collares, las medallas que ganó en su niñez gracias al ajedrez, el salto de altura, el fútbol sala y el baloncesto, las carteras de su adolescencia y una inútil colección de cinco pins que no sabía de dónde habían salido. Nadie decía nada,todo estaba en el más absoluto silencio: la persona que los había colocado allí para su casi seguro eterno descanso era demasiado importante como para, a estas alturas de la vida, reírse de él. Su alma valía demasiado.


La creación de una nube con discos desmaquilladores es bien sencilla, pero hay que leer detenidamente las instrucciones y prestar mucha, pero que mucha atención, a cada uno de los pasos.

Primero creamos dos discos separando uno por la mitad; observaremos que la parte central es algodonada como las nubes. Cogeremos una y castigamos a la parte algodonada cara a la mesa. A continuación, colocamos dos más formando una especie de triángulo y, a continuación, hacemos el triángulo un poquito más grande colocando tres medios discos.
El siguiente paso es el mismo pero a la inversa, obviando el paso de los tres discos centrales, haciendo el tríángulo cada vez más pequeño. Al acabar la nube, uniremos todas las partes con trozos de celo. A él le han bastado dos en forma de cruz. Podríamos decir que una nube de discos desmaquilladores son dos triángulos iguales unidos por una base central compartida de tres discos.
Acto seguido, se coge el rollo de celo otra vez y hacemos lo que en el colegio nos enseñaron que era una planta de cruz latina. Para ello usaremos dos tiras: una grande de la que uniremos un extremo pegajoso con uno no pegajoso y una más pequeñita repitiendo la misma operación, de tal manera que nos queden dos especie de elipses. Crearemos la cruz y la situamos encima de la media nube como si la bautizáramos en el nombre del espíritu santo y esas cosas y las aplastamos con delicadeza o no, eso depende del humor que tengamos en el momento de la creación, como siempre.
Después debemos crear la otra media nube y colocarla (recordemos: esta vez la parte algodonada hacia fuera) sobre la otra media nube. Y ya la tenemos. Chula, ¿eh? Si no se entiende al releerlo es aconsejable que fabriquéis la nube realmente, no imaginariamente. En ocasiones, confiamos demasiado en el poder de nuestro pensamiento.

Hemos dicho que el destino de la nube era ser colgada en la habitación del parchís, como la llamaban sus amigos, y para poder ser colgada necesitaba hilo. Y fue en ese momento que le sobrevino a la mente la idea de la teoría de los hilos empáticos.
Una idea es com un rayo: estás haciendo cualquier cosa insignificante y !Zas!, una especie de haz de luz que te ilumina se inserta quién sabe por dónde en tu cabecita y hace que en tus labios aparezca una sonrisa.

La teoría, como siempre, es un poco complicada de explicar porque es una idea que crea muchas ideas, y si bien una palabra es una idea, no siempre una idea es una palabra, ni tan siquiera muchas palabras. Por esta razón pondremos todo el empeño en hacer que podamos comprenderlo y porque alguna vez el chico-desaliñado-que-vendió-sus-dedos-al-diablo-porque-consideró-
su-alma-demasiado-valiosa había comentando en voz alta a quién sabe quién o qué que,algunos días atrás, ni él mismo la comprendía. Así que manos a la obra : fuerza de voluntad e inteligencia para todos. Si alguien no está dispuesto a continuar que se marche sin reparos, que nadie se va a enterar. Eso sí: la vocecita que corroe la mente es muy jodida a veces y puede volverse contra ti repitiéndote hasta la locura que qué demonios querrá explicarnos la teoría de los hilos empáticos.


LA TEORÍA DE LOS HILOS EMPÁTICOS.


La teoría de los hilos empáticos podríamos dividirla en tres partes:

-Nacimiento

-Crecimiento

-Transformación

NACIMIENTO

Al nacer, el ser humano está unido al mundo por una cantidad de hilos invisibles que depende de la gente que va a cruzarse en toda su vida. Podríamos decir que nacemos unidos a la gente que vamos a conocer en toda nuestra existencia a base de hilos. Cada hilo se dirige desde ti hacia esa otra persona que en un futuro va a cruzarse en tu camino. El hilo es invisible, repito, que ya veo a más de uno buscándolo.


CRECIMIENTO

El crecimiento de este hilo depende de la interacción que tengas con el habitante del otro extremo. Una sonrisa, una mirada, un beso, una palabra, un gesto, una bofetada, una patada, una mala nota, un mal consejo, un buen consejo, todo lo que podéis llegar a imaginar que puede existir en una relación entre dos personas hace crecer o decrecer el hilo que las une. Cuando un hilo crece y crece y nunca decrece decimos que la conexión entre almas es perfecta. Pero eso está por ver si realmente existe. Eso sería lo que se denomina Utopía de la teoría de los hilos empáticos. Normalmente las relaciones se basan en continuos cambios de grosor del hilo, pero siempre aparece alguien que te hace creer en la utópica conexión, y eso es lo bueno de la vida: la esperanza en algo mejor que consiga llenar el vacío que reinaba en ti hasta la llegada de un hilo existente pero desconocido. Y es que aquí viene, quizás, la parte más importante de la teoría: para que se inicie la conexión entre las dos almas propietarias del hilo invisible empático una mano invisible, llamémosla dios, destino, coincidencia, como queráis, eso es lo de menos, deberá dar un tirón al hilo para que las dos almas se den cuenta de que hay algo más que una simple mirada, una sencilla palabra o un insignificante gesto.
Y es entonces cuando notamos esa especie de descarga eléctrica en nuestro cuerpo, cuando nos tiran del hilo, cuando se crea una conexión empática entre dos seres. A partir de ahí, las circunstancias harán el resto y el hilo crecerá o decrecerá, pero nunca desparecerá.


TRANSFORMACIÓN

La transformación es la fase final, lo que ocurre al morir, en qué devienen las almas y los hilos, pero, esa parte, no puede explicarse ya que nadie ha venido de donde quiera que vayamos, si es que vamos a algún lugar, para explicarnos el desenlace. Quizás existen conexiones que ya se vivieron en otra vida y se repiten, de distinta manera o no, en ésta, pero eso es otra teoría y tampoco es plan de agobiar al personal con las paranoias del chico de las nubes.

Quizás todo hubiese sido más sencillo y más corto si la idea se le hubiese ocurrido al advertir que, antes de nacer, un hilo o cordón nos une a la primera persona que interactúa con nosotros durante, normalmente, nueve meses. Pero fue creando nubes como se le ocurrió. Así que nada, a seguir descubriendo y engordando hilos a base de descargas eléctricas empáticas.